-Colecciones
Manfut-
LA
CEGUA
La
leyenda de la Cegua que a través del tiempo se ha venido tejiendo
entre nuestra gente campesina, cobra forma al brotar de los labios de cualquier
sencillo narrador de esta clase.
Según
la conseja, se trata de mujeres perversas y sin escrúpulos que por
las noches se disfrazan de espantajos poniéndose en la cabeza a
modo de trenzas, crines de caballo, y con el rostro pintado salen a altas
horas de la noche por las calles y caminos solitarios en busca del amante
descarriado o del hombre que se ha burlado de su cariño.
Esta
es la mentada Cegua, muy distinta a como la pinta el escritor guatemalteco
Soto Hall, que la hace aparecer como alma del otro mundo. Hace algunos
años, cuando regresaba yo de la frontera hondureña de hacer
una inspección por cuenta de la Compañía Hulera, tuve
que pernoctar a causa de lo avanzado del día, en una de las haciendas
aledañas a la guarda-raya.
Ubencio
Hernández se llamaba el administrador; era un viejo alto, fuerte
y tostado por el sol. Don Ubencio, que se tenía un magnífico
repertorio de leyendas y consejas, me contó esa noche ante un grupo
de impávidos campistas y en torno al fuego crepitante de la cocina,
una de sus tantas aventuras de brujas y aparecidos.
Don
Ubencio, como un preámbulo a su relato sacó un chilcagre
de su bolsa, escupió chirre por la comisura de sus labios, se metió
medio puro entre la boca y, apretando los dientes, lo partió por
la mitad. Todo el engranaje molar de aquel viejo campesino se movía
con deleite masticando el chicle de tabaco. -Como verá usté
-comenzó don Ubencio-, en esta vida todos hemos tenido aventuras;
las mías han sido muchas y divertidas.
Para
que le voá dicir, yo he sido muy mujerero y casualmente por eso
es que me han pasado tantas vainas, pero algo le queda a uno de experencia
para cuando llega a viejo.
-Cierta
vez -continuó diciéndome don Ubencio - me había cogido
la noche en el llano, pues venía de cierta parte onde tenía
mi albur tapado, no sé qué me dió mirar para atrás
y vi que una luz me venía siguiendo, seguí caminando sin
darle importancia, pero de momento comencé a inquietarme y volví
de nuevo a mirar atrás; la maldita luz venía detrás
de mi pisándome los talones, le apreté las chocoyas al caballo
para que cogiera el trote tendido y así poder alejarme de la luz
que cada vez la vía más cerca, pero cuál sería
mi susto cuando al coger una vuelta del camino ví que la luz se
vía encajado en las ancas del caballo.
Le
confieso que jué la primera vez en mi vida que sentí miedo
al ver aquella enorme pelota verde en las nalgas del caballo; todo mi cuerpo
se tiñó de verde, lo mismo que el caballo y una parte del
camino por donde yo iba.
La cabeza
-se me puso grande, se me aflojaron las piernas y las riendas se me cayeron
de las manos. Eso es lo único que recuerdo hasta que mevi acostado
en una hamaca. Unos peones de la hacienda que jueron los que me recogieron,
dicen que estaba tendido en mitá'el camino sin conocimiento.
Pero
de lo que más recuerdo hace don Ubencio es de la Cegua que le salió
hace años, allá al otro lado de la frontera y muy cerca del
pueblecito de Namasigüe. Don Ubencio era hondureño y cuando
le sucedió el encuentro con la Cegua era mandador de campo en la
Hacienda San Bernardo, propiedad del nicaragüense don Perfecto Tijerino.
Don
Ubencio se había ido al pueblecito de Namasigüe, como siempre
lo hacía en busca de amores libres. Cuando dispuso regresar a la
hacienda era ya de tarde y las sombras de la noche se le habían
encajado cuando todavía iba de camino. Había llovido y la
noche estaba helada, pero don Ubencio no la sentía porque llevaba
sus buenas copas de aguardiente bien metidas entre el pecho. La media hoja
de una luna tierna alumbraba débilmente en el respaldo oeste de
un cielo que comenzaba a llenarse de titilantes puntos luminosos. Un viento
que llegaba de los cerros vecinos mecía quejumbrosamente la tupida
arboleda del camino solitario. Don Ubencio, inconsciente por el efecto
de las copas iba embrocado sobre el almuerzo de la albarda en tanto que
la bestia caminaba por su propio instinto. Cuando el caballo bajó
al río, el mayoral fué despertado de su borrachera por una
carcajada de mujer lanzada de la orilla opuesta al tiempo que un silbido
agudo hería los tímpanos del hombre. En medio de su borrachera
pudo distinguir entre el claroscuro de la ribera dos bultos sentados sobre
una peña que emergía de las aguas, pero en ese momento le
era imposible definir sus sexos, ya fuera por los vapores del aguardiente
o por la densa oscuridad donde losfacultades ante el peligro, se incorporó,
y parándose sobre los estribos puso la mano sobre la frente a modo
de pantalla y escudriñó las sombras. A los pocos minutos
de estar en esa posición sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad
y pudo distinguir en sus menores detalles a las figuras que antes le fueran
imprecisas. Se trataba de unas mujeres, mejor dicho, de unas ceguas, porque
don Ubencio vió que estaban disfrazadas. De sus cabezas pendían
unos guindajos como trenzas, estaban envueltas en trapos negros, y sus
dientes, que tenían fulguraciones de fósforos, les castañeteaban
como los de un perro rabioso. UHHHH LA CEGUAAAAAAAAAAA Don Ubencio oyó
que las mujeres bailaban y cantaban sobre el peñazco, pero apenas
alcanzó a oír las últimas palabras de la canción.
fué oídos sordos ante la súplica de la hechicera,
al pie de una mata'e rudaA lo que don Ubencio, siempre oportuno y gracioso
en todo, aún ante el mismo peligro, les contestó: Ahora quiero
que me digan propia puerta del Perdón, y en medio de todo el gentío
cuál es la más tronconudaa que se había congregado
para verle Las ceguas no daban muestras de huir; por el con- trario, inmóviles
miraban fijamente al mayoral. Ante actitud retadora de aquellos espantajos,
el hombre, en vez de atemorizarse entró en cólera, y picando
es- puelas aventó su caballo a medio río al tiempo que les
lanzaba una oración de esas que son como jaculatoriasy que don Ubencio
se había aprendido de memoria ...Hasta que llegué onde el
tata cura no la reconomo una defensa a los males que pudieran provocar
sus , cí .....-, ...pues La Cegua era una mujer que continuas conquistas
amorosas. había sido mi querida y que por infiel a su cariño
que la había abandonado y la gran perra no bastándole loca..
Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la
Santísima Trinidá me libre de vos! ................La Ceguaaaaaaaa
Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la
Santísima Trinidá me libre de vos! ..........La ceguaaaaaaaaa
Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la
Santísima Trinidá me libre de vos! Dos balazos disparó
al aire; una cegua salió huyendo, mientras la otra, en actitud hostil,
seguía parada en la piedra tirándose sonoras carcajadas que
hacían estremecer hasta las mismas piedras del camino. Don Ubencio,
tanteándose los bolsillos, sacó un vasito de mostaza y, haciendo
la señal de la cruz, le espetó de nuevo: -Ahora sí
no te capiás, hijeputa, al tiempo que le tiraba un puño del
polvo amarillo. La cegua, comprendiendo que estaba perdida, se le fué
a echar a las propias patas del caballo. Ya con ésta me despido
que pedía clemencia prometiendo enmendarse. -Allá se lo vas
a decir al tata cura -fue la respuesta del hombre enardecido, y amarrándola
con elcabresto del caballo se la llevó al cura del pueblo, quien
después de echarle agua bendita la puso en late Padrenuestros para
quitarle el poder de hechizar,porque según me contó don Ubencio,
las malditas lo rezan al revés para tener poder contra la persona
aesa leucción que le dí tuvo lo suficiente para no volverme
a salir, porque eso jué hace munchos años y no la he vido
dende entonces -terminó diciéndome don Ubencio, mientras
encendía un puro en la mecha agonizante de su candil. --------------------------------------------------------------------------------
Fuentes: Version internet: Eduardo Manfut P Diciembre 2000.
Todas estas mujeres poseen
un guacal grande y blanco. A las once de la noche, hora en que los tunantes
salen de una choza a otra, las mujeres se dan tres volantines para atras
y otros tres para adelante, echando el alma por la boca en el guacal grande
y blanco, al final del tercer salto delantero.
Vomitada el alma, quedan
convertidas en el ser brujo en que decidieron convertirse antes de dar
los volantines, por cuanto tienen el poder arbitrario de transformacion.
El objeto primordial de
estas transformaciones es el de ejercer venganzas a causar daño
a los hombres y mujeres, por causa
de celos, rivalidades, despechos o enemistades enconadas por motivos pasionales,
etc.
Y
asi, estas brujas, prevalidas de la oscuridad nocturna y del ambiente de
supersticion que respira la poblacion indigena, en extremo credula y de
imaginacion fantastica, llevan a efecto sus correrias y asustamientos a
sus anchas.
Como
micos brujos se dedican a efectuar robos y raterias. se trepan a los arboles,
cortan las frutas y se las lanzan a la familia victima. Cuentan que se
les mira en los techos de las casas, saltan de un lugar a otro; Bajan al
patio o a la calle y arrojan piedras contra las puertas. se introducen
a la cocina y quiebran lo que encuentran;
Se
agazapan tras el tinajon de agua o tras el rumero de leña y despues
corren rapidamente a colgarse de las ramas de un arbol cercano, a balancearse
burlescamente.
Mientras
el mico actuario que se halla en plena accion, la familia victima, auxiliada
por vecinos, lo persigue con palos y garrotes, tratando de matarlo..pero
todo es en vano.
Ya
estan cerca, ya creen tenerlo acorralado, y el Mico se les esfuma..y aparece
luego en otro extremo...y asi de nuevo aparece.. en donde creian estaba
acorralado.
La
gente se desespera y gritan nerviosamente, hasta enfermarse y caen al suelo
debilitados...se creen entonces embrujados o hechizados por La Cegua.
La
Cegua sale del lugar pegando tremendos chirridos, los aullidos son escalofriantes.
CCHICHICHI!!
JAJAJAJA!!
o a veces de llantos AYYYY AYYYYYY!!
Como
chanchas brujas andan en las calles y camino siempre al trote..Son chanchas
grandisimas, las hay negras embadurnadas de lodo podrido.
Apenas
divisan a la persona señalada aligeran el trote y comienzan a gruñir
horriblemente...CHIIIRRII!!!
se
caracterizan con el gruñido de las chanchas en brama..asi en celo
embisten a la persona que siguen y furiosamente les dan de trompadas y
mordiscos en las piernas..Y si la persona no se corre pronto la chancha
lo derriba al suelo y golpea hasta que esta pierde el conocimiento. Al
dia siguiente la victima amanece molida y mordida, y con los bolsillos
vacios.
Como
Ceguas, despues de vomitar el alma, quedan transformadas en mujeres jovenes.
Sus vestidos son de hojas de guarumo; y sus cabelleras les llega hasta
su cintura, es de cabuya..y sus dientes estan recubiertos de cascaras verdes,
como de platano verde..de manera que cuando hablan se les oye la voz cavernosa
y hueca.
17 DE JUNIO DEL 2001 / La Prensa
Don
“Chico” Mercado
fue
“jugado” por las ceguas
Mario Fulvio Espinoza
—“Hombré,
yo pensaba que las ceguas preferían aparecer en los caminos solitarios,
en las espesas montañas o en campos desolados”...
—“Pues
andaba usted por guindos de Ubeda. Las ceguas salen donde se les antoja
y aquí, en Las Playitas, salieron dos y le dieron varias trompadas
a Chico”.
—“¿A
Chico?... ¿Cuál Chico?”.
—“Aquel
que está ayaaaá... Lo voy a llamar”... (Y don Armando Artola
se mete el dedo pandeado en la boca y emite dos chiflidos estridentes)...
Fiuuuuuuuuu... Fiuuuuuuuu... —“¡Hey Chicó, vení ve!”
El
tal ‘Chico’ vuelve a vernos con pereza. Está haciendo labores de
labranza en un pipianal que casi ni se ve en medio de las lechugas de agua
que abundan a orillas de las tres lagunas encantadas, Moyuá, Tecomapa
y Las Playitas.
(Entre
paréntesis diré que estos tres espejos de plata, con sus
dos islas, La Honda y La Seca, constituyen el Vergel que siempre soñó
Mahoma para residencia de sus huríes... Mujeres de celestial belleza
que existen para complacer a santos varones resistentes escogidos de Alá).
Pero
se acerca ‘Chico’. Es un hombre de baja estatura, con facciones indígenas,
piel morena curtida, chirizo, ojillos de gavilán, cuerpo delgado,
pero fibroso.
Su
nombre completo es Francisco Mercado Velásquez, tiene 63 años,
arrejuntado con la Cándida que le parió cuatro hijos. Nació
en Nindirí, tierra de encantos y leyendas a cual más no poder,
pero fincado en Las Playitas desde hace muchos años.
—“Cuénteme,
cómo fue ese susto que le dieron las ceguas”.
—“Pues
resulta que eso fue un Viernes Santo como a las doce de la noche. Me fui
a la orilla de la Isla Seca a comprarme una botella de guaro. Ya andaba
algo sesereque y me vine para mi casa. De repente detrás de mí
vi dos mujeres que me seguían y que se carcajeaban... Sentí
miedo, y para disimular me detuve a encender un cigarro... Pero las risas
seguían... Se me espeluznó el pelo y el pellejo se me puso
como de pollo”.
“Eran
unas mujeronas altas, vestidas de negro y como encapuchadas. Había
un tabaquillal, y allá por aquel palito de sauce me agarré
con una de ellas. Me defendía con un machetillo que andaba, pero
sentía que los golpes que daba era como que los diera con una hoja
de chagüite. De repente llegó la otra mujer y me golpeó
también a pescozones”.
“Corrí
como pude y llegué a mi rancho. ‘Ve Chicó’ —me dice la mujer—
‘que andás acompañado’. ‘No’, le digo ‘Pues es que acaban
de pasar dos objetos por ahí buscando para Las Pencas, iban en grandes
risotadas’. Le conté mi aventura y me dijo: ‘Esas eran las ceguas’”.
“Me
acosté y al día siguiente que la mujer me vio me preguntó:
‘¿Bueno y esos morados?’”.
“Es
que me pegaron las ceguas”, le dije y me quedé echando sebo serenado
por mucho tiempo. Y como les conté a varios me quedaron diciendo
“El Jugado de Cegua”.
—“Don
Chicó, ¿de qué familia es usted allá en Nindirí?”
—“De
los Mercado, pero ahora mi familia se trasladó a Piedra Menuda”.
—“Pero,
¿no se volvió a echar sus pijacitos después de ese
susto?”
—“Pues
sí, cada vez en cuando me echo mis rejazos, hasta que quedo con
cara de caite”.
—“Pues
de repente las vuelve a ver”...
—“Pero
agora tengo listo un cabito de tajona para garrotearlas y no dejar que
me jueguen”.
Aseguran
los indios de Monimbo que hay mujeres en el barrio que tienen la mania
de ser brujas, que se transforman, por ser conformes con su mania,
en chanchas y Micos Brujos y en Ceguas.
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Fuentes:
Chanchas y Micos Brujos. Ceguas" Enrique Pena H. 1968..
Version internet: Eduardo Manfut P Diciembre 2000. |
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