La historia del Padre Ramos y de las
veinte señoritas bonitas
Para desentrañar los misterios de la Isla del Padre Ramos
se contrataron los servicios del célebre maestro Manuel Paguaga,
pero todos los pases y conjuros del mesmerista fracasaron, igual
que los de algunos curas que en distintas épocas navegaron
por el estero con propósitos similares
Más
que un estero, el del Padre Ramos es una angosta entrada de mar que al
penetrar en tierras chinandeganas forma una laguna de aproximadamente treinta
kilómetros de largo, con anchuras que pueden variar de cinco a diez,
que son los que mide en su extremo noroeste.
Si no fuera por lo arenoso de la rada, el estero podría haber sido
el puerto más protegido y estratégico del Pacífico,
lo que no impide que sea un lugar de notable belleza y un rico sitio
para la pesca y la recolección de mariscos.
Pero... ¿por qué se le llama del Padre Ramos? ¿Quién
era el Padre Ramos?
Esa fue la pregunta que hicimos a varios pescadores del lugar, que por
ser tal vez relativamente jóvenes o por ser demasiado vieja la pregunta,
se limitaron a contestar: “Quién sabe...”
Pero alguien nos dio una pista: “Vayan a Los Zorros y hablen con don Hugo
Plazaola, ése se sabe todo el cuento.
Salimos, pues, para la playa de Los Zorros, y aquí está los
que don Hugo René Plazaola Guevara, un viejano de 75 años,
alto, blanco de tez y de pelo, nos dijo al respecto.
EL CUENTO DE DON HUGO
“Es impresionante que ustedes quieran saber la historia del Padre Ramos
porque, además de triste, está ligada a otra tragedia
en la cual perecieron veinte lindas jovencitas de la sociedad de El Viejo.
Antes que Sacasa, aquí hubo un presidente de apellido Martínez,
no te puedo decir cuándo porque ya se me olvidan las cosas, además...
han pasado tantos años.
Resulta, pues, que a este Padre lo mandaron desterrado porque hablaba mal
del gobierno central, decía que era malo, igual que fue malo
otro presidente que tuvo El Salvador, también de apellido
Martínez.
Recuerdo que cuando era niño, “Jiquilillo era igualito al África,
era abundante la cacería de venados, había leones, tigres,
lagartos en grandes cantidades. Eso en el Estero de Jiquilillo, que
no es lo mismo que el Padre Ramos, sino que es aparte.
Resulta, pues, que el Padre Ramos fue desterrado a un cerrito que estaba
rodeado de agua, y que era tal la cantidad de tiburones que había
allí, que nadie podía salir a nado porque era devorado por
las fieras.
Parece que el Padre Ramos era originario de Granada, lástima que
a mí ya se me olviden los nombres, pero doy testimonio de
que teniendo nueve años visité ese lugar, y era tanta la
cantidad de tiburones que uno no podía dar pasos más allá
de la costa.
Al Padre le dejaron una tinaja de agua dulce y pan para que comiera, pero
naturalmente a los tres días el pan se enmohece y ya no sirve, aunque
a cambio había un conchero considerable, almejas, cangrejos, pero
también es cierto que el Padre ya era viejito y no contaba con todas
sus facultades.
¿Quiere decir, don Hugo, que el Padre Ramos murió de hambre?
Sí, el Padre murió de hambre en esa isla. Era un lugar sin
gente, era un lugar solitario. Parece que una familia de apellido Sáenz
se encargó de enterrarlo. Precisamente esa familia Sáenz
era la dueña de Puerto Arturo. Ustedes pueden hablar con Abraham
Sáenz, que es profesor, ya está bastante entrado en años,
y fue mi profesor.
Eso fue en el siglo pasado. Fue tan famoso el lugar que llegaban grandes
expediciones de turistas a conocer la tumba del Padre Ramos.
Puerto Arturo era una hacienda grandísima que está pegada
a Cosigüina, enclavada a la orilla de unos grandes y extensos playones
de donde se podían sacar cien camiones de volquete repletos
de la concha casco de burro, y también de las pequeñas.
Con el tiempo, y tal vez durante la Segunda Guerra Mundial, todos los tiburones
fueron exterminados con unas trampas que ponían los gringos y los
salvadoreños.
En ese entonces el dueño del Estero del Padre Ramos era el padre
de don Noel Pereira Majano, señor que desempeñaba el puesto
de jefe político del general Somoza o algo así.
Yo acompañé al señor Majano en varias ocasiones, y
él decía que les daba permiso a los salvadoreños
de matar tiburones porque para qué querían tanto peligro
en nuestras costas, y eso a pesar de que las Naciones Unidas declaraba
que el futuro alimentario de la población mundial estaba en el mar
y en su fauna marina.
UNA CRUZ A LA ORILLA DEL MAR
Dónde está la isla en la que fue desterrado el Padre Ramos?
Ese islote se localiza entre la Isla de la Vaca y la Isla de El Tintal.
Está en medio.
La Isla de la Vaca tiene como unas cuarenta manzanas de extensión,
y en estos momentos, gracias a la inversión de un extranjero,
se convertirá en un zoológico.
Ese gringo es petrolero, tiene riales y va a meter gansos, elefantes, tigres.
Él está haciendo eso ahorita, porque yo he llegado como cuatro
veces y me lo he encontrado ahí trabajando.
Son tres islas, la principal es la del Padre Ramos. Pero también
Padre Ramos se le nombra al estero, en tierra firme, donde hay una
cruz en la orilla del mar.
LA TRAGEDIA DE LAS SEÑORITAS BONITAS
Hay otro relato. El de una señora de alcurnia que se hacía
rodear de las muchachas más bonitas de Chinandega y El Viejo. Cada
año para la época de Semana Santa ya estaban todas invitadas
para ir a Puerto Arturo, una gran hacienda ganadera que todavía
está ahí.
Todas las muchachas más bonitas de El Viejo y Chinandega se iban
a veranear a Puerto Arturo. Ella tenía una lancha grande,
como para cuarenta o cincuenta personas, y en ella se iban a pasar el día
a la Isla del Padre Ramos.
Un día, sin que se sepa cómo, la lancha naufragó y
todos perecieron, hasta los marineros. Así se generó un gran
misterio sobre la muerte de las señoritas.
Lo curioso es que varias personas se han ahogado ahí y el cadáver
aparece a los dos o tres días, pero esas señoritas nunca
aparecieron. Lo único que apareció fue un papelito
que andaba una de ellas donde estaban copiadas dos canciones de moda, una
decía: “Muñequita linda, de cabellos de oro, de dientes de
perlas, labios de rubí”, la otra se llamaba “Ramona”, canción
que ya tiene por lo menos ochenta años.
La lancha era manejada por tres marinos. Andaban por lo menos veinte chavalas.
Fue uno de los misterios más raros en la historia de Nicaragua y
que nunca se ha logrado dilucidar. Porque ya casi todos los que vivieron
en ese tiempo son fallecidos. Eso pudo haber sido entre 1938 y 1940.
Lo del Padre Ramos fue antes, como en 1902 ó 1903.
Esas muchachas eran hijas de gente acomodada de aquí de El Viejo.
Algunos dijeron que eran monjas, pero no, no eran gente de monasterio.
La anfitriona de ellas se llamaba doña Aurita Sáenz,
era la matrona y la que invitaba cada año a ese paseo. Ese
era su placer y ella se esmeraba en que fueran las más bonitas.
La desaparición de toda esa gente quedó en el misterio puro,
porque los cadáveres nunca aparecieron. Eso está un kilómetro
adentro de la entrada de Padre Ramos, si la marea estaba para el
lado del mar, tendrían que haber aparecido esos cadáveres.
Yo tengo más o menos 60 años de estar ahí en el estero,
lo conozco como mis manos. No hay un lugar ahí que yo no conozca.
Si se ahogaron cuando la marea estaba en creciente los cadáveres
tenían que haber aparecido en todas las propiedades que hay más
adelante, como Santa Rita y otras.
LUCES QUE VIAJAN SOBRE EL AGUA
Aquella tragedia apareció en muchos periódicos del mundo.
Y nació una leyenda de ánimas. Todavía hay quien dice
que todos los Viernes Santos, a las doce de la noche, se ven unas luces
emerger sobre las aguas del Estero del Padre Ramos, y caminan sobre el
agua hasta la punta de tierra. Algunos valientes han ido a ver y no encuentran
nada. También llegaron sacerdotes a conjurar, pero nada, nadie
apareció.
Para salir de dudas se pidieron los servicios del doctor Paguaga.
El doctor Paguaga era el mejor espiritista de Nicaragua, tenía su
clínica en León y todos decían que era un hombre
eficaz, un hombre que impresionaba a todo el mundo. Tenía
una gran clientela en Nicaragua, y que yo sepa ha sido el más
sobresaliente mesmerista que ha tenido el país.
Pues ahí llegó el maestro Paguaga. No recuerdo el nombre,
pero era muy buen amigo mío.
Llegó para invocar los espíritus de las fallecidas y averiguar
cómo había sido el naufragio y el porqué de
tanto misterio. Llegó como tres veces con la misma misión,
pero parece que no obtuvo resultados positivos.
Lástima que al pasar el tiempo haya olvidado los nombres de las
personas que se ahogaron, porque yo me los sabía toditos,
pero ya es parte de otra tragedia que ya es mía, porque sucede que
al pasar el tiempo siento que han aumentado mis conocimientos a través
de las experiencias de mi vida, pero también son muchas las cosas
que paulatinamente voy dejando en el olvido.
PERO TE CUENTO
Este relato es nacido da la terquedad. Sabemos que quedan en él
muchos cabos que atar, pero nos sucede las de aquel viejito olvidadizo
al que le encantaba contar cuentos y cuando perdía el hilo
del relato se arrechaba, quedaba por segundos pensativo y exclamaba...
“¡Pero te cuento cuento!”
Y aunque después saliera por los aguacates, cumplía la amenaza
de contar su cuento desmarimbado, deshilvanado y parchado, pero al
fin de cuentas, cuento.
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DE ABRIL DEL 2002 / La Prensa
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