JOSÉ FRANCISCO BORGEN:
UNA VIDA A LA ORILLA DE LA HISTORIA
Jorge Eduardo Arellauo
La mayoría de los hombres pasamos a la
orilla de la historia, pero algunos tienen el privilegio de hacerla y otros
de revivir sus propias existencias inmersas en ella. Este fue el caso de
José Francisco Borgen, un periodista caballeroso y de estatura moral,
que logró en sus últimos años escribir y publicar
sus memorias.
Chepe Chico -hipocorístico con que se le
trataba cariñosamente- nació en Masaya el 19 de marzo de
1909. Estudió con los hermanos de las Escuelas Cristianas en la
Escuela Graduada No. 1 que regentaban junto al Instituto Pedagógico
de Managua. Mas su verdadera escuela fue la vida intelectual y bohemia
de la capital de Nicaragua entre finales de los años 20 y principios
de los 30.
A raíz del terremoto de Managua en 1931,
trabajaba en el diario La Nación, dirigido por Leonardo Montalbán,
como corrector de pruebas y cronista de béisbol. Luego edita con
Víctor Velarde La Semana y, más tarde, colabora en «Los
Lunes de La Nueva Prensa», donde mantuvo secciones permanentes:«Historia
de Nicaragua relatada a los chavalos nicaragüenses» y «Clínica
de las musas».
También, entre otros diarios, laboró
en La Estrella de Nicaragua y en una emisora: La voz de la América
Central. En 1941 editó el folleto Rubén Darío: radio-charlas
para el pueblo.
Para Pablo Antonio Cuadra, Chepe Chico fue «un
larguísimo diálogo de kilómetros y kilómetros
de amistad: encuentros con uno de los pioneros de la radio, tertulias juveniles
con un inquieto lector de literatura nueva, con un humorista, con el compañero
de bohemia de Manolo Cuadra, con el amigo de Joaquín Pasos f de
Toño López, con el comentador, con el gustador y, no pocas
veces, excitado por la amistad y el licor, con el recitador de la voz reposada
y sonora que reza para los amigos aquellos poemas de vanguardia».
En 1954 se incorpora a La Prensa, encargándose
de la página editorial que tamiza, equilibra y controla, convirtiéndose
-desde entonces- en la tribuna y el baluarte más importante del
periodismo nacional. Al mismo tiempo, crea una sección de «Ayuda
al necesitado» que en 1956 le mereció el premio «Margenthaler»
y mantendría durante varias décadas. Miembro del consejo
editorial de La Prensa, falleció en Managua el 11 de abril de 1982.
A José Francisco Borgen, sin embargo, no
le bastó la lucha diaria del cronista ni ejercitar tanto su fino
instinto poético como su pasión por la música. Y decidió
dejar testimonio autobiográfico: Una vida a la orilla de la historia
que dejó de ser pasado para convertirse en perdurable presente.Sobre
esta obra anotó Fidel Coloma: «no todo es crónica política
en este libro singular. También está la pequeña historia,
la del tiempo largo. Ahí está su prolífica familia,
que se proyecta en la figura admirable de don Max Borgen. Allí esas
costumbres provincianas de la capital, de pasear a caballo, de hacerle
la visita a la novia, de cultivar músicas en tertulias, de celebrar
cumpleaños. Allí las costumbres populares, sobre todo de
Masaya, otro de los grandes amores de Chepe Chico. Tiene unas páginas
de antología, equiparables a la que José Coronel Urtecho
dedica a las comidas nicaragüenses».
Y su colega Mario Alfaro Alvarado comentó:
«Chepe Chico nos ofrece una visión viva, palpitante, del pasado
inmediato, de lo que él vio y observó. Experiencias que hace
llegar al lector con palabra fluida y prosa elegante, como un maestro de
la palabra escrita; como verdadera testitura a nivel de entusiasmo, que
a veces es inspiración y a veces nostalgia; pero siempre pensamiento
lozano, narración honesta de los hechos, evocación emocional
que toca el alma». Es decir, un testimonio propio de hombre cordial
que siempre fue José Francisco Borgen..
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